Videojuegos, bugs, glitches y serendipia

La palabra inglesa “bug” significa bicho o insecto, pero en términos informáticos se refiere a un error o defecto en el software que hace que un programa no funcione correctamente. Aunque en el ámbito de los videojuegos quizás sea más común el término “glitch”, que se refiere a un error que no afecta negativamente al juego y que, por tanto, no puede considerarse un fallo propiamente dicho, sino más bien una característica no buscada.

Que aparezca un “bug” o un “glitch” no tiene que suponer una catástrofe para nadie. De hecho un error de este tipo jugó un papel importante en el origen de los videojuegos, en un ejemplo claro de serendipia (cuando se obtiene de casualidad algo bueno pero que no se estaba buscando): Ocurrió con el mítico Space Invaders (en España se conocía como “Los marcianitos”), que se creó en 1978, el primer juego en que no solo había que “disparar a los enemigos”, sino que los enemigos también te disparaban a ti. Los chips de aquella época apenas tenían potencia así que, cuando los creadores del juego pusieron a todos aquellos “marcianitos” e intentaron animarlos a la vez, se movían muy lentamente. Pero, durante las pruebas, se dieron cuenta de que, a medida que se iban eliminando marcianitos, había menos en la pantalla, menos cálculos que hacer y más rápida iba la acción; de modo que, cuanto mejor eras jugando, más rápido se movían y más difícil era acertar con los disparos.

Así, los creadores de “Los marcianitos” decidieron que aquel “bug” podía convertirse en una “feature”, una característica del juego, algo que convenía conservar. Por tanto, quien programe un videojuego no debe temer a los “glitch” ya que, quizás, si aparece alguno, en vez de perjudicar, mejore el juego. Y si eres jugador y te encuentras alguno, probablemente te divierta y, en el mejor de los casos, puedes aprovecharte de él para progresar en el juego.

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